Reflexiones sobre la Unidad Opositora

junio 3, 2008

Publicado en el Panamá America

Reflexiones sobre la Unidad Opositora

Strategikon de la Política

Una de las estrategias que trata el Strategikon (libro de estrategias Siglo VI) es cómo utilizar un concepto abstracto para empujar a la gente a hacer algo concreto.

Durante meses hemos escuchado de la necesidad de la Unidad Opositora como único mecanismo capaz de vencer al PRD. Sin embargo ante la variedad de fuerzas e intereses que forman la oposición política se hace bastante complicada. Sólo una vez en la historia reciente ha habido tal unidad, y se dio únicamente por el deseo generalizado de derrotar al régimen militar.

Otro elemento extraño de los actuales llamados a la unidad, es que las alianzas electorales se negocian hasta enero del próximo año. Nunca ha habido tal unidad 13 meses antes de las elecciones. ¿Quién se beneficia de este convencimiento sobre la prematura unidad?

El primer beneficiario es el PRD. No hay que ser un adivino para prever que habrá, por lo menos 2 candidatos de la oposición. Una consecuencia indirecta de la Tesis de la Unidad, es que mucha gente considerará, sin haber iniciado aún la campaña, que el PRD es inderrotable, y votaran a ganador. El PRD tiene sobre hombros una inflación cercana al 10%, con efectos tan negativos, que deberían estar preocupados por mantener su caudal político. Pero enredados, a voluntad o no, en la tesis de la unidad, los opositores poco han logrado explotar dicha debilidad.

Otros que están utilizando exitosamente la unidad es el antiguo establishment de los partidos de oposición. Primero, contra Varela, endilgándole la “falta de unidad” y acusándole de “sectarista” para inclinar de cierto modo la intención de voto hacia al candidato de su preferencia. Sin embargo poco puede hacer Varela por la unidad, si ni siquiera se ha definido el candidato por primarias. La otra victima de la unidad es Martinelli, pues todo parece indicar que la intención es aislarlo. A pesar de que su discurso es “anti-establishment”, Martinelli debe reconocer la necesidad de contar, por lo menos en parte, de estructuras políticas ya establecidas. Esto es especialmente importante en las regiones rurales, en donde las poblaciones aún mantienen cierta lealtad partidista, y no existe el rechazo generalizado hacia la clase política que se siente en los sectores urbanos.

El último beneficiario es la dirigencia de los partidos políticos pequeños, para quienes “la cuña de la unidad” se convierte en una palanca de negociación. Cuando la prioridad de esa dirigencia debería ser el fortalecer y preparar a sus propios partidos, para luego sentarse a negociar, hoy negocian mientras pierden miles de adherentes cada mes. Pareciera que estas dirigencias están más interesadas en la negociación per se que en el futuro político de sus organizaciones.