Panamá, domingo 7 de septiembre de 2008, La Prensa

EMBRIAGADOS EN EL CONSUMISMO.

¿El fin de la globalización?: Pacifico Chung C.

Pacifico Chung C.
opinion@prensa.com

La globalización se sostiene bajo dos principios básicos: el mundo es un mercado común, y se rige por las reglas básicas del libre mercado: a precios bajos, mayor demanda; con menores costos de producción y en mercados de mayor demanda, mayores márgenes de ganancias. Esto significaba que palillos de dientes producidos en China se movían a través del mundo, hasta ser vendidos en Islandia, por ejemplo, y a pesar de la distancia, el negocio era bueno. Los apologistas de la globalización afirmaban que el mercado mundial acabaría con los desequilibrios e inequidades de los mercados pequeños, en donde algunas empresas terminaban manipulando el mercado. Los críticos de la globalización afirmaban, que al contrario la globalización traería el fenómeno de la manipulación global, en donde los gobiernos de poder reducidos, serían incapaces de frenar los excesos en el mercado por parte de las empresas.

Sin embargo, ni unos ni otros negaban que el fenómeno hubiera llegado para quedarse. Los economistas de todo el mundo habían ignorado en sus debates el hecho de que la globalización se sostenía sobre un principio que demostraría unos años después que no era tan cierto: el movimiento de cargas a través del mundo era relativamente barato. La escalada de precios del petróleo trae a la mesa un nuevo debate sobre la globalización: si los costos asociados al movimiento de carga continúan elevándose, ¿Hasta qué punto será rentable producir en lugares tan lejanos a los mercados? ¿Encontraremos un sustituto tan barato como el petróleo?

Este debate pasa desapercibido en Panamá, aunque la economía panameña vive casi exclusivamente del movimiento de cargas: la colonización española, el ferrocarril transístmico y luego el Canal de Panamá, siempre son épocas de bonanza y luego de estancamiento hasta que un nuevo modelo reemplaza al anterior. Siempre los panameños nos embriagamos en nuestros años dorados, hasta que terminan y no nos queda más que la esperanza de que comiencen otros.

Panamá es probablemente la economía más globalizada de Latinoamérica. Este fenómeno ha creado una distorsión de nuestra estructura económica, creando un atrasado y poco eficiente sector primario y secundario de la economía, mientras el sector terciario produce casi la mayor parte del PIB. ¿Cuál sería el impacto de una recesión en el movimiento de cargas y capitales en la economía panameña? ¿Qué tal si aprovechamos el aumento de precios internacionales para mejorar nuestra capacidad de productividad agrícola y fortalecemos la industria invirtiendo en la producción de biocombustibles? ¡O mejor, ¿qué tal si invertimos en tener la mejor educación pública de Latinoamérica?

Cada generación de panameños sale peor preparada que la anterior. Nuestro atraso en el modelo educativo parece no importarle a nadie. ¿Será esa generación de panameños capaz de sobreponerse a los embates que pueden estar por venir? En este carnaval panameño participan la clase política, tocando los instrumentos, y los empresarios pagando la orquesta. Atrás viene la gran masa de panameños, embriagados en el consumismo y las tarjetas de crédito. ¡Qué siga la gozadera hasta que dure el carnaval!

El autor es ingeniero, miembro de la Comisión Política del Molirena

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