METAMORFOSIS PERREDIANA

METAMORFOSIS PERREDIANA (Diario La Prensa)

El PRD nació como un instrumento de legitimación política de la dictadura militar. Era un experimento que buscaba romper el tradicional dominio de la clase política anterior al golpe con el fin de instalar a una nueva clase política adepta al proceso revolucionario. Ésta surge bajo ciertas condiciones: primero, crece bajo el paraguas de los presupuestos estatales y segundo, quizás más importante, crece bajo una estructura vertical, dispuesta a seguir las instrucciones emanadas de los mandos superiores, los cuarteles de policía. La mayoría de los PRD provenía de los sectores sociales populares, ya que los grupos de poder económico no aceptaban del todo el mando de los militares (que venían de barrios populares). Era preferible llegar a acuerdo con ellos, pero sin convertirse en PRD. Esta variedad de ideologías políticas encuentra su razón de ser en el espíritu de la seudo-revolución de octubre: discursos de izquierda y gran dosis de populismo financiado con endeudamiento. El experimento fue exitoso: aún en el peor momento de su historia, cuando apoyaban a un Noriega tremendamente desacreditado, logran más del 25% de los votos en 1989.

Luego de la invasión militar norteamericana, uno de esos empresarios adeptos al régimen militar logra ver el enorme potencial que tiene una institución política organizada a nivel nacional, cuyo electorado alcanza por lo menos el 25 % de la población, con una membresía acostumbrada a seguir líneas y carente de conflictos internos. Sólo cinco años después de perder el poder, el PRD lo alcanza de nuevo, con un 33% de los votos. Comienza la metamorfosis. La victoria de Pérez Balladares abre un período de migración política, en donde una gran cantidad de individuos de las clases poderosas del país encuentran atractivo al PRD: un partido dócil y organizado. Le siguen un sinnúmero de cuadros de niveles más bajos, atraídos por las mieles del poder. El PRD continúa creciendo.

Diez años después el PRD se enfrenta al mismo ciclo que sufren los partidos. Los nuevos PRDs desplazaron a los viejos PRD de los círculos de poder. Estos nuevos PRD no son los PRDs que buscan votos en los barrios populares del país, y no comparten el mismo compromiso con el partido. Este resentimiento crece con los años, y el mismo individuo que comenzó la metamorfosis promete terminarla: Balladares explota el resentimiento interno. Amenazas, extorsiones y destituciones se dan en el Gobierno. Poco se conoce a los medios, por que los PRDs aún no rompen las viejas cadenas del silencio y las líneas que vienen de arriba.

¿Hasta cuándo podrá el PRD mantener el silencio? Su crecimiento desproporcionado se ha convertido en un arma de doble filo. Ahora, cuando sus integrantes provienen de los más diversos círculos sociales y la figura mística del partido no tiene el mismo valor para los nuevos adherentes, los viejos paradigmas comienzan a romperse. Se enfrentan, por primera vez, a la realidad nacional donde los partidos políticos, carentes de ideología, se mueven a merced de los conflictos de intereses de grupos y personalidades. Bienvenidos al ruedo.

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